Cómo evitar grietas

De Mamá a Mamá

Cómo evitar las grietas en los pezones

Una grieta en el pezón parece una molestia menor, pero no lo es. Se puede convertir en uno de los grandes obstáculos de la lactancia y del bienestar tanto de mamá como del bebé. Por lo general aparecen los primeros días del amamantamiento como consecuencia de algo que no se está haciendo del todo bien, por ejemplo adoptar posiciones inadecuadas del bebé para comer, uso de jabones irritantes, reacciones alérgicas a detergentes u otros factores.

Estas grietas son heridas muy finas, que muchas veces no se alcanzan a ver, pero que son muy dolorosas. Esta piel del pezón agrietada puede constituir un motivo de sufrimiento y el impedimento de una lactancia satisfactoria para ambos. ¿Cómo prevenirlas? Primero que todo, logrando un buen agarre del pequeño al pezón.

Hay varias estrategias que pueden ayudar a prevenir las grietas si aún no se han producido y que son útiles para solucionarlas si ya han aparecido: buscar una posición adecuada del pequeño y un buen agarre que no lleven a que lastime el pezón con sus encías. La postura ideal es aquella en la que el bebé se sitúa de cara hacia el pecho, con todo su cuerpo orientado hacia la mamá casi panza contra panza.

Lo ideal es que el pezón apunte a la nariz del bebé. De este modo, con sólo aproximarse y abrir la boca el bebé podrá agarrarse al pecho dejando el pezón en la parte superior de la boca, que es donde debe quedar. Asimismo, la boca del bebé debe quedar bien abierta antes de agarrarse, para no hacer daño al pezón al cerrarla mal.

También se recomienda evitar el uso chupetes y no lavar los senos antes ni después de las tomas. Una ducha diaria es suficiente y en lo posible sin usar jabones de ningún tipo. Tampoco es aconsejable que uses cremas ni lociones en los pezones y si decides utilizar discos de lactancia, asegúrate que no te irriten.